Trios

Viajar en Pareja y descubrir el placer en Trio

Mi mujer y yo habíamos planeado nuestras vacaciones en Barcelona durante todo el último año. Estábamos ansiosos por llegar a la capital catalana y disfrutar con nuestra afición por la arquitectura y el vanguardismo, pero en realidad estábamos más excitados por otra aventura que llevábamos planeando aún más tiempo.

Teníamos un sexo estupendo entre nosotros pero queríamos experimentar nuevas experiencias en este viaje queriendo subir el nivel de deseo y excitación. Ya éramos expertos en utilizar juguetes eróticos y en divertirnos con juegos de rol que habían cumplido muchas de nuestras fantasías sexuales pero esta vez estábamos dispuestos a cumplir la fantasía que más nos volvía locos y jamás nos habíamos atrevido a realizar, hacer un trio con otra mujer. En muy pocas ocasiones habíamos encontrado una mujer  que nos atrajese tanto como para poder romper el hielo y proponérselo, pero jamás nos habíamos atrevido.

Al final mi mujer decidió que debíamos contratar los servicios de una joven modelo en una agencia de escorts de lujo en Barcelona durante nuestras próximas vacaciones y esto nos mantuvo en vilo hasta semanas previas a nuestra visita cuando al fin concertamos una cita con nuestra bellísima musa. Ahora solo quedaba esperar su llegada al restaurante donde nos habíamos citado para cenar y descubrir si al fin íbamos a cumplir nuestra fantasía más oculta. Los dos supimos que sí en cuanto vimos aparecer a Amanda.

Era una rubia bellísima. Llevaba un vestido negro, brillante, con lentejuelas y rematado en unas largas piernas y unos tacones infinitos. El maquillaje resaltaba sus ojos verdes y sus labios sensuales y llamativos. Tras presentarse con una sonrisa elegante, se sentó con nosotros a la mesa y empezamos nuestra velada con la certeza de que nuestra sangre iba a acabar hirviendo de lujuria y de deseo por la auténtica Diosa que estaba con nosotros. La agradable cena y presentación acabó transformándose en una divertida conversación mientras apurábamos unas copas en la misma mesa en la que Amanda se comía con sus miradas a mi mujer al mismo tiempo que esta jugueteaba con su mano en mis pantalones.

Al final llegó el momento al que llegamos a la habitación de nuestro hotel. Mi mujer parecía cada vez más bella al lado de Amanda mientras se comían a besos y la veía excitarse como nunca la había visto. Yo ya no pude resistirme más y entre activamente en el juego, acariciando, siendo acariciado y sobretodo extasiado porque jamás había vivido y disfrutado un sexo así. Mi mujer y yo descubrimos esa noche lo que era el auténtico erotismo, la auténtica lujuria, la auténtica belleza. Se llamaba Amanda y era totalmente nuestra.

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